Edificios de la institución

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El Primer edificio de la Biblioteca Nacional

El primer local que ocupó la Biblioteca Nacional estuvo ubicado en la manzana donde

actualmente se alza el Teatro Municipal, que entonces era una de las dependencias de la

Universidad de San Felipe.

Su primer director, Manuel de Salas, comenzó la tarea de inventariar los volúmenes de los

jesuitas que, después de su expulsión, aún permanecían en el local. Al poco tiempo, y

producto de las múltiples donaciones recibidas, el espacio se hizo estrecho para albergar

los volúmenes que llegaban.

En 1823 la Biblioteca se trasladó a la esquina sur oriente de las calles Bandera y

Compañía. En este edificio, construido en 1805 conforme a los planos del célebre

arquitecto don Joaquín Toesca, la Biblioteca permaneció hasta 1834.

Ese año, siendo director don Francisco García Huidobro, la Biblioteca se trasladó a un

edificio expresamente construido para ella, en la esquina sur poniente de la intersección

formada por las calles Bandera y Catedral.

En 1886, la Biblioteca pasó a ocupar el histórico edificio que había sido construido para

que funcionara el Real Tribunal del Consulado. En su espacioso salón central había nacido

la patria: allí se había realizado el Cabildo Abierto del 18 de septiembre de 1810 y,

posteriormente, había sido sede del Congreso Nacional. En este local la Biblioteca

permaneció hasta 1925, año en que se trasladó al edificio que actualmente ocupa.

El edificio actual

En la proximidad del centenario de la fundación de la Biblioteca Nacional, se planteó la

necesidad de trasladarla a un nuevo edificio que brindara mejores y más modernas

condiciones para cumplir su misión. Se fijó como el mejor emplazamiento el solar

ocupado por el convento y templo de las Monjas Clarisas en la Alameda de la Delicias,

actual manzana comprendida entre las calles Avenida Libertador Bernardo OHiggins, Mac

Iver, Moneda y Miraflores.

El Consejo de Obras Públicas aprobó entre los proyectos el actual diseño, que corresponde

al arquitecto Gustavo García del Postigo. La primera piedra fue colocada el 23 de agosto

de 1913, con la asistencia del Presidente de la República, don Ramón Barros Luco.

Originalmente, el plan de edificación constaba de un grupo de construcciones en forma de

cruz de Malta, con cuatro fachadas armónicas que daban hacia las calles colindantes. El

conjunto comprendía cinco pabellones independientes pero comunicados entre sí: el

central y los de Alameda y Moneda, destinados a la Biblioteca Nacional; el de Miraflores,

al Museo Histórico; y el de Mac Iver al Archivo Nacional, que nunca llegó a construirse.

Su estilo arquitectónico

El edificio se inscribe dentro del estilo neoclásico, de corte académico, imperante en la

construcción monumental de comienzos del siglo XX. Sus elementos clásicos, tratados con

libertad, ordenan la imposición de las fachadas y de la arquitectura interior. En la fachada

principal, columnas de doble altura separan los ventanales que iluminan las salas de este

cuerpo.

En su interior, las terminaciones -posiblemente las más finas que hasta la fecha se

realizan en un edificio público- fueron encargadas a artistas y artesanos nacionales.

Se destaca el trabajo de pinturas murales, obras de los pintores Gordon, Helsby,

Courtois y Mori. Los trabajos de composición, ornamentación y tallado artístico en

madera y yeso para diferentes elementos constructivos del edificio, fueron ejecutados por

Hipólito Eyraud. Enea Ravanello realizó las tres puertas de fierro de la entrada principal,

Alberto Mattman ejecutó las balaustradas de fierro y bronce de la escalera, y Santiago

Ceppi los pisos de mármol y granito artificial.

En 1939 culminó la construcción del ala oriente del edificio, que da a la calle Miraflores,

donde se instaló el Museo Histórico Nacional y que hoy ocupa el Archivo Nacional. En

1963 se concluyó el ala del sector norte, calle Moneda, donde se ubica la Sala América y el

Salón de Lectura Gabriela Mistral.

Recursos adicionales

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